Pietà: Imponer una lengua para eliminar a un pueblo y su cultura

El 16 de junio de 1976 es para Sudáfrica una fecha decisiva en su escalada de liberación frente a la política del ‘apartheid (“desarrollo separado” en afrikáans) impuesta por los herederos de los trekkers blancos, descendientes de un puñado de jardineros holandeses que habían desembarcado en el Cabo en 1652 para plantar verduras de ensalada y resolver así el problema de escorbuto que padecían las tripulaciones de la Compañía de las Indias Orientales de Ámsterdam que doblaban esta punta de África, que primero como bóers y después convertidos por su propia voluntad en afrikaaners, no dudaron en enfrentarse  a las tribus negras, a los buscadores de oro y diamantes y a los casacas rojas de la reina Victoria, a lo largo de su conquista de más de tres siglos de esta ‘tierra prometida’, convencidos por su fe calvinista de que Dios les había elegido para ello.
El relato que sigue está tomado del libro Un arco iris en la noche, de Dominique Lapierre, y describe cómo la imposición de la lengua inventada por los afrikaaners blancos -el afrikáans- se trata de imponer en los townships donde un puñado de blancos recluye a millones de negros (kaffirs). Una amarga lección de la historia.
«Son las diez de la mañana cuando un zumbido de helicópteros volando a baja altitud ensordece a Sue Krige y a sus alumnos. Todos salen al porche de la escuela con el fin de observar la gran jauría de aparatos que se dirigen hacia el township de Soweto, la mayor ciudad negra de Sudáfrica, situada a unos diez kilómetros al oeste […] Los helicópteros depositarán decenas de policías fuertemente armados en el campo de batalla de la revolución más importante que haya iniciado nunca la población negra de un país. Un hecho extraordinario: los protagonistas son niños […] Soweto, un mosaico de unos 40 barrios de pobreza desigual a las puertas de Johannesburgo; una ciudad fantasma, sin límites ni farolas, sin electricidad ni agua corriente […] donde los policías disparan sus metralletas para echar abajo las puertas de las casas al grito de ¡Muerte a los kaffirs! […] un lugar con todo tipo de miserias que, sin embargo, realiza la hazaña de acoger a más de doscientos mil de sus niños bajo el techo de las 350 escuelas […] dirigidas, administradas y vigiladas por funcionarios del Ministerio de Educación indígena de Pretoria […] La educación excluye aquellas materias que los blancos consideran que los kaffirs no van a necesitar para cumplir su karma de subhombres.
La brutal decisión de imponer el afrikáans como lengua suplementaria de estudio y de trabajo en todas las escuelas negras desencadena una conmoción unánime entre los educadores y sus alumnos. ¿Cómo una generación de jóvenes negros que domina ya con tanta dificultad el inglés podría, de la noche a la mañana, estudiar biología o geografía en una lengua arcaica y sin gramática, inventada en otro tiempo por los trekkers del Gran Viaje para remarcar su identidad africana? Sobre todo cuando no existen, en la inmensidad polvorienta de Soweto o de otros townships, ni maestros ni libros suficientes para asegurar esta enseñanza. La agitación se extiende de escuela en escuela [.] “Si los blancos quieren obligarnos de repente a hablar y escribir su afrikáans es para cortar nuestra raíces”, declara un alumno […]; boicotean las clases que se dan en afrikáans, prenden fuego a los libros y a las copias de los exámenes redactados en la lengua maldita […] Maestros y estudiantes han dicho NO a hablar el afrikáans de los blancos. Lo dirán pacíficamente a lo largo de una grandiosa manifestación de protesta…
Luego, de repente, se oye brotar de mil gargantas un canto triunfal, el himno del pueblo negro “Morena Bolota sechaba sa heso!” (¡Oh Dios, salva nuestra nación!) […] Un sargento replica lanzando una granada de gases lacrimógenos… otro descarga su metralleta al azar […] Numerosos jóvenes caen. Es entonces cuando surge del caos una visión digna de la desgarradora Pietà de Miguel Ángel. Una Pietà en la que el Cristo descendido de la cruz es un niño negro cubierto de sangre; en la que la Virgen que lo lleva en sus brazos es un adolescente vestido con un peto y el rostro descompuesto por el terror; donde María Magdalena, a su lado, es una jovencita que llora e implora piedad con las manos. Tres personajes infantiles que reúnen en su dolor de crucificados el súbito horror que acaba de estallar […] Soweto ya tiene su mártir […] Una gran parte del township es pasada a sangre y fuego».

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